El Reino de Valencia tuvo las primeras constituciones “democráticas”

Por Francisco A. Roca Traver (Escola d’Estudis Valencians: 2003-2004 Real Acadèmia de Cultura Valenciana)

Con Jaime I, la creación del Reino de Valencia, dentro de la Corona de Aragón, lleva consigo la promulgación de las primeras constituciones “democráticas” en los estados cristianos de la Península, reino que, por cuanto hace a la cuestión territorial, había comenzado a configurarse ya en 1210, con las primeras tierras conquistadas por Pedro de Aragón, que irían integrándose bajo una misma Corona que, presidida por el rey de Aragón, tenían en el monarca el único lazo de unión.

Posteriormente, en 1225 Jaime I reprende la conquista cristiana -en ocasiones pactadas con los musulmanes-, ensanchando sus dominios con la incorporación de nuevas tierras, entre ellas las de Valencia, capital del futuro reino en 1238.

Pues bien, por lo que atañe a la administración municipal de Valencia, su estructura comienza a forjarse en el momento mismo de la conquista de la Ciudad y se irá conformando a lo largo de los primeros cien años, de acuerdo con los privilegios y fueros que sus habitantes irán recibiendo. Pero lo cierto es que Jaime I dota a la ciudad de un gobierno propio, que preside el curia o Cort, que emanaba y dependía del poder real y de una legislación diferenciada: La Costum.

Y la pregunta que cabe hacerse es la de cuestionarse si La Costum era un conjunto de disposiciones ya existentes para ser aplicadas tan pronto se rindiera Valencia o, por el contrario, fue un texto formulado tras la toma de la ciudad. Y, por nuestra parte, sostenemos que, posiblemente, Jaime I contaba ya con unas Consuetudines o texto legal, prácticamente terminado, para implantarlo de inmediato en Valencia, del mismo modo que hoy se admite ya que el monarca, antes de iniciar la conquista de tierras valencianas, tenía decidido la creación de un nuevo reino.

En el momento presente, ya concedemos que la Costum de Tortosa es, en su mayor parte, una simple traducción de la valenciana al catalán, hecha a partir de una copia manuscrita de la versión latina de La Costum de Valencia, que podemos datas entre 1252 y 1251.

E, incluso, conocemos a su autor, Pere Albert: era canónigo de la catedral de Barcelona entre 1233 y 1261, había estudiado en Bolonia y llegó a ser la máxima personalidad de la ciencia jurídica de su tiempo; muy apreciado por Raimundo de Penyafort y por el propio Jaime I, a cuyo servicio estuvo como consejero -junto al obispo Andreu d’Albalat, Canciller y confesor del monarca-, acompañándole en la toma de Valencia, por cuyo concurso recibe del rey casas y tierras.

Redactó su obra fundamental Tractatus de consuetudinibus Cathalonie inter dominos et vasallos, tratado de derecho feudal, aceptado por los juristas de los siglos XIV y XV e incorporado a las Constituciones i altres drets de Catalunya, a continuación de los Usatges de Barcelona.

Nuestro jurista conoció los textos del derecho justinianeo y en su labor los Furs siguen -literalmente o en su espíritu- los textos usados por los juristas de la Cancillería de Jaime I pero, fundamentalmente, el derecho romano del Corpus Iuris Civilis.

Pere Albert se basó en el Codex de Justiniano para copiar títulos de sus rúbricas, siguiendo, incluso, el mismo orden, precedidas aquellas de algunas nuevas y dividiendo todo el texto en dos partes. La tarea fue fácil pues de los otros textos fue incorporando todo aquello que suponía conveniente y oportuno para la Ciudad de Valencia.

La genialidad de Jaime I como legislador es que intuye en su tiempo la mentalidad sociable de la burguesía que iba a configurar su nuevo reino, aquella burguesía que postulaba los principios de libertad personal, propiedad libre, excepción fiscal, garantía de una justicia pública independiente de coacciones y violencia, sentido jurídico realista y proteccionismo económico. Con todo, concedamos nuestra parte que la Corona había de aceptar aquellos principios si quería asegurarse la colaboración de dicha burguesía para repoblar la ciudad y su territorio; y el monarca aceptó. De tal manera, que La Costum de la ciudad se iría modificando, suprimiendo en los oficios municipales todo aquello que tuviera carácter vitalicio y arbitrario, aceptando el monarca no ejercer el dominio directo y libre sobre determinados cargos.

La Costum iba a ser determinante con respecto a la creación del nuevo reino de Valencia por cuanto determina que “una costum, una moneda de lig e pes e de figura, un alna, un quarter, un almut, una fanecha, un kafiç, una onça, una arrova, un quintar e un per e una mesura en tot lo regne e en la Ciutat de Valencia sia per tots temps. Furs, I,X, 3.

Hoy admitimos que La Costum se promulga en torno al 1 de noviembre de 1238, fecha de concesión del cargo de Curia, Cort o Justicia, en una solemne reunión o parlamento, seguramente celebrado en la mezquita mayor, consagrada como nueva catedral cristiana, sesión en la cual Jaime I deja establecido que no va a incorporar estas tierras a Aragón ni a Cataluña porque tiene decidido crear un nuevo reino aun cuando respetaba que los Señores aplicasen es sus dominios los Fueros de Aragón o los Usatges catalanes que venían usando en sus lugares de origen, si bien imponiendo para Valencia La Costum, que venía a ser, en un principio, puro derecho local.

La Cort -esa Curia o Cort– no solamente tenía atribuciones administrativas sino también judiciales -civiles y criminales-, el cargo era renovable cada año por la fiesta de Navidad y, en un principio, era designado directamente por el monarca -o por el Bayle General, en su representación-, entre una terna que le presentaban los prohombres, primeros repobladores de la ciudad, que le asesoraban en el ejercicio de sus funciones.

En 1251 hubo una reforma de aquella primitiva Costum, recopilación o reforma que va a recoger todos los privilegios emanados desde 1239 hasta esa fecha; a partir de este momento las leyes valencianas empiezan a llamarse Furs de Valencia.

Image: Vicent García Editores

 

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