Hermenegildo primer rei cristià de Valéncia (any 583)

Transcrit de la conferència pronunciada per Vidal Valle Ortí en les II Jornades Culturals de l’any 2001, organisades per la Confraria de Sant Vicent Màrtir.

 

En el año 572 muere Liuva I y le sucede a título de Rey y como soberano en el reino godo de España Leovigildo. Por aquel entonces ya había muerto Teodosia y Leovigildo contrajo nuevo matrimonio con Gosuinda que era viuda desde hacía muchos años del también rey godo Atanagildo.

Gosuinda que era una arriana furibunda, intervino decisivamente en que el hijo de su marido Leovigildo, es decir, Hermenegildo, se casase con una nieta suya que se llamaba Ingunda, que era princesa real porque era hija de los reyes godos de Austrasia (sur de Francia) Sigiberto y Brunichilda, si bien estos eran fervorosos católicos. La boda se celebró allá por el 578, cuando Hermenegildo tenía poco más de 14 años. Hermenegildo, que como hemos dicho era hijo de Teodosia y, por tanto, hijo de una reina católica que le había preparado y hablado del catolicismo en su religión primera, a pesar de que era arriano como su padre, pero edificado con el ejemplo de su joven esposa y rematado con las enseñanzas de su tío Leandro, Obispo católico de Sevilla y de sus otros dos tíos Fulgencio e Isidoro y de su tía Florentina, se convirtió a la fe católica y recibió por segunda vez el bautismo.

Leovigildo consiguió que el reino godo de España tuviera una de las etapas de mayor esplendor y fue el primer rey de España que usó manto real, cetro y corona y recibía a sus súbditos sentados en el trono.

La conversión al catolicismo de Hermenegildo, irritó al rey Leovigildo y a Gosuinda, así como produjo una gran alegría a los católicos españoles, hasta el punto que prendió a su hijo y a todos los que acompañaban al joven príncipe en la defensa del catolicismo.

Hermenegildo fue hecho prisionero y encarcelado en una prisión de Sevilla, donde trató el rey de que renunciara a su fe católica, primero con halagos y promesas y luego con dureza, privaciones y violencia, y desde allí -tal vez pasando primero por otra prisión en Córdoba- fue desterrado y conducido preso a Valencia, ciudad en la que existía una muy nutrida comunidad católica nacida en tiempos de Daciano, merced a la importantísima semilla del ya santo Vicente Mártir, que fue cruelmente martirizado en el siglo IV, y que murió en olor de Santidad el año 303, siendo su cuerpo primero abandonado a las fieras a las afueras de la ciudad, donde milagrosamente fue custodiado y protegido por cuervos y ante lo insólito del suceso, echado en alta mar atado a una rueda de molino, desde donde también milagrosamente regresó a la playa, llegando incluso antes que la barca que lo había lanzado y siendo recogido por la viuda Jónica y custodiado por esa comunidad cristiana que lo conservó y la cual creció de forma inusitada.

Los cristianos valencianos, cuanta Alonso Morgado en el capítulo noveno del libro cuarto de la Historia de Sevilla y así lo refiere Diago en el Libro V de los Anales de Valencia, que eran, además de católicos, enemigos de la fe arriana, liberaron al príncipe Hermenegildo y lo proclamaron y coronaron Rey de Valencia.

Esto sucedía hacia el año quinientos ochenta y tres después de Cristo.

Hermenegildo, fue por obra y gracia de la formidable comunidad cristiana de Valencia, el primer Rey cristiano de Valencia, aunque su reino abarcase tan solo a la ciudad de Valencia y algunos pueblos y territorios limítrofes.

Al tener conocimiento Leovigildo de que su hijo había sido proclamado y coronado Rey de Valencia organizó un poderoso ejército para venir contra Valencia y recuperar la Corona Real de la que había sido privado, antes de que el levantamiento iniciado creciese, se extendiese y se hiciera incontrolable.

Para que los súbditos valencianos no sufriera el daño y las iras de su padre, Hermenegildo, al tener el conocimiento de la inmediata llegada del ejército arriano, salió a las puertas de Valencia y se entregó en el camino de Sagunto.

Leovigildo, para evitar que los valencianos se sublevaran y otra vez liberasen a Hermenegildo, mandó que fuera conducido a una estrecha y horrible prisión en Tarragona.

Y en la Pascua, el día de Resurrección, ante su negativa a recibir la comunión según el rito arriano y de las manos sacrílegas de un obispo arriano, su padre arrebatado de ira, dio la orden a sus ministros para que le quitaran la vida.

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