Un manto de claveles arropa a la Virgen

Por Ivana Villar (Especial Fallas, Valéncia Hui 9/3/2007)

Todo empezó cuando un 19 de marzo de 1941 un grupo de chicas se vistieron de huertanas con mantilla en la cabeza y llevaron flores a la Basílica  de la Virgen. En el año 1947, era tanta la afluencia de falleras, que la ofrenda pasó a realizarse en la plaza de la Virgen, en la que las flores eran depositadas en un bastidor de madera que cubría los frontales de la Basílica.

Actualmente, la Ofrenda es sin duda una de los actos más esperados por todos los falleros, que viven cada instante de la fiesta con gran emotividad. Colorido y aroma es lo que se desprende de cada una de las flores que en brazos de las falleras se exhiben en los pasacalles hasta la llegada a la plaza de la Virgen. Para la confección del admirado manto de la Virgen, las comisiones falleras portan ramos de claveles de varios colores, según el diseño que se prepara y se guarda en secreto hasta el momento de la ofrenda.

Durante dos días consecutivos, el 17 y 18 de marzo, miles de falleros de todas las comisiones de la ciudad desfilan para ofrendar con todo tipo de canastillas y ramos a la Virgen el amor que profesan por la Patrona de la ciudad. Alrededor de 46.000 ramos de claveles vistieron a la Virgen el año 2007; flores con las que se va confeccionando un impresionante y bonito manto, cuyo dibujo varia cada año.

Desde la floristerías afirman que la flor escogida año tras año es el clavel, por su resistencia y por la posibilidad de modelar sin problemas el dibujo de dicho manto.

Además del clavel, también lucen durante el pasacalle grandes canastillas con exóticas especies florales. Ejemplo de ello es la apuesta por la sosfisticación de las orquídeas, por las que se han decidido algunas comisiones falleras para el día de su presentación.

Ricardo Folgado, propietario de un puesto de flores en la plaza del Ayuntamiento, con más de 30 años de experiencia, comenta cómo, aunque pasen los años, hay cosas que nunca cambian, y en cuestión de flores básicamente siempre es lo mismo, “claveles para toda la corte y canastillas son especies variadas en representación de toda la comisión”.

El clavel es una especie floral que se suele asociar, sentimentalmente, a la alegría y al encanto general, y a todo lo que tenga que ver con el gozo y el amor. Y, además, España es uno de los países pioneros en la producción y exportación de dicha especie.

Folgado explicó cómo la preparación de una enorme canastilla lleva su tiempo, tiempo de dedicación y esmero. “Cuando se trata de pequeños ramos, uno solo puede hacerlo, pero cuando hablamos de grandes canastillas es necesario la presencia de un ayudante, y aun así, podemos invertir un día entero en su confección”, afirma Ricardo, quien hace hincapié en lo agradecido que es el trabajo con el clavel.

“Hay otras especies cuyos pétalos son más delicados y requieren de un trabajo más minucioso para no estropear la flor. En el caso del clavel, la manipulación para darle forma a un centro o ramo es más fácil”.

Una vez finalizados los días de ofrenda y colocados todos los ramos en una estructura de madera cubierta de claveles rojos, blancos, rosas…combinados, se vislumbra el diseño devoto de una tradición de más de medio siglo. La Catedral y el Miguelete son, junto a los miles de espectadores de todas las nacionalidades, testigos  casi primaverales de la adoración que tributa a su Patrona los valencianos que no dudan en participar en este acto.

“Es impresionante la cantidad de flores que se concentran en la plaza, y lo que más llama la atención es como a partir de todas ellas se crea el manto que arropa a la Virgen”, señala una vecina de Benicalap, ferviente seguidora de la fiesta en general y de la Ofrenda en particular. “Traigo flores todos los años a la Virgen, aunque no soy fallera, y elijo el clavel o la margarita”.

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