El idioma valenciano en Orihuela

 

Por Ricardo García Moya

La que fuera segunda capital del Reino sufre las intrigas de dos colectivos opuestos: el que afirma que sólo se hablaba en ella el castellano y el inmersionista, que propaga que fue ciudad en la que siempre se usó el catalán. Yerran unos y otros, pues fue bilingüe en lengua valenciana y castellana hasta tiempos cercanos.
Un año nefasto para el idioma valenciano en Oriola fue el de 1787, cuando se ordenó el “Recogimiento de niños y niñas del Reyno de Valencia” con unas medidas progresistas en todo, salvo en el machismo pedagógico y la lengua. En carta remitida a Orihuela el 26 de marzo de 1787, se ordenaba implantar la “diaria asistencia de niños y niñas a las escuelas y costuras”. La orden afectaba a todos los valencianos, “desde los 5 hasta los 12 años, quieran o no sus padres”. EI escrito, con gerundios jurídicos, regulaba penas: “Encontrando a algunos niños por las calles a las horas que deben estar en la escuela y costura”, se castigará a los padres “con 4 reales la primera vez, 8 por la segunda, y 8 días de cárcel por la tercera”.

Todo era positivo, salvo la machista programación -“hilos y agujas para niñas; catones, libros y plumas para niños”-, y la orden de inmersión lingüística: “Y no permita el maestro que los niños ablen (sic) en el idioma valenciano sin que les instruya en el “castellano.” La lengua valenciana era usual en Oriola antes de 1787. EI cronista Francisco Martínez, en 1612, testifica que en la catedral de Orihuela se situaban carteles con “versos en lengua valenciana” alusivos a santos y beatos.

EI idioma prohibido era similar al usado en las fiestas de 1782, distinto al catalán coetáneo. En tal año, la “Parroquia de Santas Justa y Rufina de esta ciudad de Orihuela” publicó las letras “que se han de cantar en los maitines de San Vicente Ferrer el 7 de abril de 1782”. En el texto hallamos léxico como “formage”, sin el grupo consonántico catalán tg; a los solteros se les llamaba “fadrins”, no “solters”. Los verbos normalizan pronunciación y escritura, como en el infinitivo juhar, donde la hache muda sustituye a la velar g, alejándose del catalán y castellano “jugar”. La reducción vocálica está presente en “vorem la festa” (no veurem), y se mantiene e como terminación, además de la ausencia de apóstrofos: “el habit no fa al monge” (no el monjo). Los enclíticos se unen al verbo: “Ferli, ferlo, fásanos”, sin el guión impuesto por los catalanes del XIX para disimular la similitud con el castellano. En Orihuela usaban correctamente preposiciones, “pera anar al Cel”, y demostrativos: “este gran sant”, etc.
Los oriolanos perdieron su lengua valenciana a causa de la inmersión castellana en la escuela, además de la murcianización iniciada por BeIluga y la castellanización administrativa.

Antes de 1787, el centralismo borbónico fue flexible y el idioma estaba presente en los centros pedagógicos, aunque no como lengua oficial. Así, en 1766, se representó en la escuela de Enseñanza Pública de Niñas de Valencia una zarzuela alusiva a la educación femenina, con argumento que no era burlesco, sino enaltecedor de los conocimientos impartidos a las alumnas. Una nota advertía sobre “las poesías que entre las labores de las Niñas adornaban el salón”. La estancia representaba el aula, y las composiciones que decoraban sus paredes eran: “Dezimas en valenciano y castellano”.

Una de las poesías que rodeaban a las alumnas comienza con el clásico adverbio valenciano “hui les chiquetes…”, que la inmersión substituye por el catalán avui. Las niñas de 1766 podían leer “no estan molt Ilunt de aci” (que nuestros amos culturales transformarían en el catalán “no són pas gaire Iluny d’aquí”). EI autor de las composiciones, el doctor Ignacio Moyan, usaba la ele valenciana y no las barcelonesas “elas” geminadas. EI presbítero escribía “y per no alegar”, infinitivo que la inmersión sustituye por el barbarismo “al-legar”.

Paradójicamente, el machismo pedagógico favoreció la pervivencia del idioma valenciano. Si leemos detenidamente la orden de 1787, observarnos que enlaza “Niños y Niñas” con ,”Escuela y Costura”. Más adelante puntualiza que el “Maestro y Costurera estén pronto en la Escuela y Costura las tres horas de mañana y tres de tarde”. EI encargado de la inmersión castellana es el maestro, como dice la orden, no la costurera, cuyos conocimientos de castellano serían escasos. Las niñas, mientras bordaban o cosían, podían hablar la lengua valenciana, ya que el castellano ni siquiera lo aprendían. Una de las “dezimas valencianas” de 1767 informa sobre la actividad de las niñas en las escuelas: “Son chiquetes de grans mans / puntechen totes assí / de vesprada, y per matí”. Estas niñas eran las futuras madres del Reino, y ellas transmitieron el idioma materno, nunca mejor dicho, a sus hijos. Ahora, la inmersión catalana es más científica y abarca todos los intersticios de la comunicación, sean dibujos animados en Canal 9, rotulación de calles o la factura de la luz. Y, lo más grave: las futuras madres son catalanizadas desde las guarderías.

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