Els 5 arguments per a defendre la singularitat del valencià front al català

Transcrit del llibre “La llengua valenciana, hui” (Traducció al castellà) per J. Mª Guinot i Galán.

Estos son los argumentos del pancatalanismo:

  1. Razón histórica.- “La lengua fue traída desde Cataluña a Valencia por los conquistadores cristianos”, es decir, por los catalanes.
  2. Razón geográfica.- “El Principado de Cataluña es el más extenso, poblado y potente, económicamente, de todos los países que hablan la lengua.
  3. Razón literaria.- “La Renaixença de la lengua tuvo origen en Cataluña, donde ha triunfado plenamente”.
  4. Razón científica.- “La denominación científica, con la que es conocida internacionalmente, es la de lengua catalana”.

Contestaremos ordenadamente:

  1. Razón histórica.- En primer lugar, aunque fuera verdad que el catalán llegó a Valencia de la mano de los conquistadores catalanes, ese hecho no sería suficiente para quitarle al valenciano el nombre que siempre ha tenido y que tiene por derecho de prescripción; no es necesario que las lenguas tomen su denominación por razón de su origen: ahí tenemos el portugués al que nadie denomina “gallego” y el italiano, al que pocos conocen por su origen toscano.

En segundo lugar, hoy día está demostrado que, antes de entrar Dn. Jaime I en Valencia, ya existía aquí una lengua romance.

El escritor y filólogo árabe IBN SIDA, en el prólogo de su obra KITAB AL MAYASAS (escrito antes del año 1066, fecha de su muerte en Denia), se disculpaba de los errores que podía cometer, diciendo que necesariamente los había podido tener “rodeado como estaba de personas que hablaban en romance”. La existencia de ese romance está demostrada por el caudaloso vocabulario valenciano, derivado del latín, que no está incluido en el léxico catalán, así como el que procede de los musulmanes. Por otra parte, hoy en día está también demostrado que el número de catalanes que se quedaron a vivir en Valencia, una vez conquistada, o vinieron en las posteriores repoblaciones, era muy reducido y es lógico y natural que fueran absorbidos por los habitantes autóctonos. Finalmente, Dn. Jaime llevó a Valencia la religión y una sabia administración; pero no podía traer una cultura superior -de la que formar parte la lengua- a una población tan destacada y desarrollada como la del antiguo Reino de Valencia.

2. Razón geográfica.- Que Barcelona o Cataluña sean actualmente más importantes que Valencia no es motivo para cambiar el nombre de la Lengua Valenciana. Durante los siglos XIII y XIV Valencia era, evidentemente, más importante que Barcelona o Cataluña, fundamentalmente en el aspecto literario, que es el que presenta mayor relación con una denominación lingüística y según ese criterio tan flojo con respecto a la hegemonía, el inglés debería denominare actualmente “norteamericano” y del mismo modo algún día podría cambiarse el nombre de “castellano” por el de “mejicano” o “argentino”.

3. Razón literaria.- Tampoco es motivo suficiente para cambiarle al idioma valenciano su denominación tradicional por el nombre de catalán el hecho de que Barcelona haya tenido un brillante “Renaiximent” de la lengua. Si allí ha habido un renacimiento, antes lo tuvimos los valencianos y además tiene mayor valor el hecho real de la creación literaria de la lengua que se hizo aquí en Valencia: los clásicos medievales son en su inmensa mayoría valencianos. ¿Qué es más importante: renovar o crear?

4. Razón científica.- Comenzaremos por negar que una cuestión de denominación haya de ser “científica”. La palabra “científica” está aquí mal aplicada: hay denominaciones más o menos acertadas, pero “científicas” ¿a santo de qué?. Lo que hoy es reconocido por todos los filólogos puede ser mañana rehusado por todos, incluso por los mismos. Si los romanistas dicen ahora que el valenciano es un dialecto del catalán, vaya ello por cuando estaban todos de acuerdo -incluso los catalanes- en decir que el catalán era un dialecto del provenzal. Lo decían, no hace aún mucho, Federico Diez, fundador de la lingüística románica, Mosén Antonio María Alcover, Milá y Fontanals, Bourciez, Meyer-Lubke, etc.. Ahora, en cambio ya le reconocen la categoría de la lengua autóctona. Lo mismo ocurrirá con el idioma valenciano cuando lo estudien mejor, en su fonética viva y no en la libresca. El carácter de “Lengua” se le ha reconocido al valenciano por la Academia de la Lengua Española, que la define como “lengua que se habla en la mayor parte del antiguo Reino de Valencia”.

Pero en esta cuestión del nombre de la lengua no podemos contentarnos con refutar argumentos sin fuerza: hemos de acudir de aducir alguna razón positiva para añadirla al válido argumento de prescripción. La razón, y bien definitiva, es esta: que el valenciano y catalán son actualmente dos lenguas diferenciadas o distintas. Por más parecidas que “por escrito” hayan sido estas dos lenguas en el pasado, en el momento actual son bien diferentes: han evolucionado de modo distintos, a partir del latín, y hemos llegado a un punto en que sin un estudio previo de las otras lenguas, difícilmente nos entendemos los catalanes, los mallorquines y los valencianos, ni hablando ni escribiendo; además, tenemos clara conciencia de hablar y escribir distintas lenguas. Son diferentes el vocabulario, la morfología, la sintaxis y, sobre todo, la fonética. Incluso la ortografía catalana es inadmisible para una fonética valenciana. Intelectuales catalanes muy respetables dijeron que aplicar a las tres lenguas: valenciano, mallorquín y catalán, la misma ortografía, era “contra natura”.

He dicho más arriba que, sobre todo, lo que diferencia al valenciano del catalán es la fonética y, aunque más adelante hablaremos más en concreto de ello, quiero adelantar la importancia que la misma tiene en la clasificación de las lenguas. Si queremos clasificar rápidamente las hispánicas, será suficiente fijarnos en el sistema vocálico: el portugués tiene como distintivo la nasalización de ciertas vocales; el castellano no tener nasalización de las mismas y ser todas ellas cerradas; el valenciano no ofrecer nasalización de vocales y ser éstas cerradas o abiertas; el catalán tener una vocal más que de tres sonidos vocálicos en sílaba átona, cuando el valenciano tiene cinco.

A algunos les parecerá que esa diferencia en el tratamiento de las vocales no tiene trascendencia; pero sí la tiene y grande, si se tiene en cuenta que las sílabas átonas llenan constantemente el flujo fonético.

¿Saben ellos lo que es convertir a cada paso la O en U y las As y las Es átonas (de las que hay montones) en una vocal mixta o neutra, que no es ni A ni E?. Para el catalán es lo mismo decir teulada que taulada, fortet que furtet. En valenciano escribimos corona, poder, capelletes, pare, mare, berenar, etc. y lo pronunciamos tal como está escrito. Los catalanes, en cambio, pronuncian, aproximadamente, curone, pudé, kepelletas, para, mara, baraná, etc.

Contribuyen a diferenciar el valenciano del catalán, además de las muchas divergencias fonéticas, tan importantes, las numerosas palabras valencianas que, por no ser catalanas, no las incluye el diccionario catalán. German Colón Doménech, en el año 1952, ya había catalogado más de mil de estas, tan sólo en unos pocos pueblos de la provincia de Castellón y eso que estaba empezando (ORBIS, tomo I, nº 4, 1952). Dn. Miquel Adlert y el Sr. García Carpio, después de recoger miles y miles, han desistido de bucar más por aburrimiento, habida cuenta la cantidad existente. Además, en los Diccionarios de Cataluña, todas aquellas palabras, que habladas en algún pueblo de Cataluña, son iguales a las valencianas, aunque fueran utilizadas por nuestros clásicos, son rechazadas, en la mayor parte de los casos como dialectalismos o vulgarismos.

Para finalizas este punto, quiero hacer una breve alusión a la utópica lengua literaria, común a catalanes, baleáricos y valencianos. Si consideramos que esa lengua es el actual catalán normativo, se engañan o nos engañan: en ella no están representados ni el idioma valenciano ni el balear, porque se ha “normalizado” a base del catalán de Barcelona y se ha rellenado de arcaísmos y caprichosas invenciones y no se ha contado para nada ni con los valencianos ni con los mallorquines. Intentar hace una lengua “standar” de tres supuestos dialectos, basándose en una de ellos, prescindiendo de los otros dos, es un intento de genocidio. ¿Qué diríais si, en una familia, para conseguir “La Unidad” de tres hijos, matara a dos de ellos? Por eso, Mosén Antonio María Alcover, al correguir el nombre de su diccionario, en el prólogo del DICCIONARI CATALA-VALENCIA-BALEAR, dice que “si en algún tiempo ha existido (aquella unidad lingüística), hoy día no se puede afirmar eso seriamente”.

 

Image: Las Provincias.

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