L’idioma valencià enriquia al català des del lluntà any 1330

Transcrit del llibre “Historias del Idioma Valenciano de Ricart García Moya (2003).

En el “Summari index” del doctor Andreu Bosc, natural de la Vila de Perpinya, editado por Lacavalleria en la misma ciudad en 1628, se manifiesta la preocupación por el deterioro de la lengua catalana. Esta degradación, a juicio de Bosc, se debía en gran parte a la penetración de idiomas de las naciones vecinas: Castilla, Francia y Valencia. Así, mientras que la Cerdeña y el Rosellón se influenciaban de la lengua “vehina francesa”, en la parte sur de Cataluña sucedía lo mismo con la lengua valenciana: “com se veu tambe en Tortora, que pren de la valenciana”.

Pero la valencianización, aunque no tan intensa también afectaba a todo el territorio del condado de Cataluña. En su razonamiento sobre “la lengua cathalana”, Bosc denuncia los préstamos léxicos del valenciano, aragonés y francés: “De manera que tanto con la mezcla de dichas lenguas (latina, árabe, etc.), como también con las de las naciones vecinas: Valencia, Aragón y Francia, han formado en algunas partes (de Cataluña) una lengua extraordinaria; dejando la materna (catalana) que ya muchos no tiene buena satisfacción, de hablar ni escribir con ella, y lo peor es que…” (Bosc, Summari, p.23).

Cuando Bosc califica de 1628 como “una lengua extraordinaria”, no lanzaba elogios; su intención era criticar la penetración de extranjerismos, especialmente procedentes del idioma valenciano, al situar a Valencia en primer lugar de la enumeración. El adjetivo “extraordinario”, con la preposición latina “extra”, tenía un valor semántico peyorativo en las neolatinas hispánicas del XVII equivalente a “fuera de orden”. En el texto, Bosc denunciaba la trasgresión del orden idiomático del catalán coetáneo.

Ejemplo de préstamos valencianos: la carrasca de Eiximenis y un infinitivo herético:

Caminan con pies de plomo los etimólogos catalanes para que no se descubra el pastel. Y al hablar de etimólogos hay que referirse siempre a Corominas, pues sus diccionarios etimológicos castellano y catalán con el maná de los romanistas peninsulares. Tratando sobre la voz “carrasca“, una de las muchas de raíz prerromana que los mozárabes adoptaron a su fonética, nos dice: “En uso en el Reino de Valencia, y también en las comarcas meridionales del Principado”. Seguidamente enumera localidades de la ruta valenciana a Lérida: Tortosa, Gandesa, etc. El etimólogo aporta documentación medieval valenciana con la voz carrasca, como el Llibre de Privilegis de Catí (any 1333), y reconoce que: “la repartición entre carrasca (sur) y garric (norte) es ya antigua” (DCECH). Se trata de una voz prestada del valenciano al catalán, como el mismo autor da a entender: “Figura en Eiximenis (la voz carrasca), pero este gerundense del S. XIV vivió mucho tiempo en Valencia” (DCECH). El idioma valenciano enriquecía al catalán desde el lejano 1330.

Respecto a la reiterada consigna de que los infinitivos con la epentética “r” son fenómenos del decadente siglo XIX, asociado a la ciudad de Valencia, observamos que hacia el 1600 ya se había filtrado por la franja valencianizada de Cataluña. En el tratado titulado: “El nuevo maestro contador”, escrito por “Pablo Cerdán ciudadano de la ciudad de Tolosa, Imprenta de Francisco Martorell, año 1634”, leemos: “. pera que (no “per a”); “sens orde” (no “ordre”); “perdre los llibres” (no “perdre”). Otra indicación del valencianismo de Tortosa es que, entre las fiestas principales señaladas en esta obra de 1634, se incluyen las del “5 de abril, San Vicente Ferrer; y el 9 de Octubre, San Dionisio”.

 

 

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