No eramos mudos en el XIII… pero hay sordos en el XXI

Per Vicente L. Simó Santonja 

Algún día podrá ser objeto de tesis doctoral. Se han cumplido ya diez años, una década, tiempo suficiente para meditar dónde estábamos y dónde estamos en la polémica valenciano-catalán, lengua valenciana-lengua-catalana-

Todo empezó cuando el 13 de febrero de 1975 “Mundo Diario” reproducía unas contestaciones del eminente profesor Sanchis Guarner, bajo el título “Hi ha molts valencianistes conversos”. Una afirmación entonces crucial: “la llengua dels mossarabs valencians es va extinguir als segles XI o XII i era ben distinta del valencià actual, que deriva sens dubte del català dels conqueridors del s. XIII”.

Los días 24, 25 y 26 de octubre de 1984, bajo el título “Els Paisos Catalans: un debat obert”, se presentaron en Valencia una serie de ponencias, hoy editadas en un libro (“Tres i Quatre”, 1985). Entre ellas, Antonio M. Badía, “L’origen de la llengua catalana”. Y esta afirmación, que traduzco: “Por lo que respecta a Valencia, el árabe, así, contaminado con unos rasgos de lengua de provenencia ibérica, que habían mantenido una larga existencia latente, no visibles en el latín de la romanización ni en el procatalán que se derivaba (mozárabe), si bien empleándose como formas secundarias pero vivas, se convirtió en frasco de alcohol que las conservó. Y hasta tal punto las conservó, que estos trazos, sea directamente, sea por medio de unas maneras de lenguaje aún poco conocidas, enlazan con el catalán que llega a Valencia en el siglo XIII, el cual se incorpora a su entorno, y se convierte en occidental por razón de estos enlaces, haciendo pues caso amiso de las modalidades de la lengua de los repobladores que llegan.

¿Qué ha pasado en estos diez años para llegar a dos opiniones tan dispares? Sencillamente que los llamados “diletantes” por el profesor Sanchis Guarner teníamos la razón, aunque ahora no se nos dé ni reconozca, por otra vía diferente. El problema en 1975 era que cualquier persona con sentido común “medio” no podía comprender la tesis catalanista que dicha en palabras vulgares decía que el catalán lo habían traído los reconquistadores y que los musulmanes valencianos hablaban el árabe, a falta además de mozárabes.

El enfrentamiento científico mantenido en “Las Provincias” aquel 1975 entre su director don José Ombuena, y el ya referido profesor, fue y  ha sido fructífero. Las acusaciones de “profitosets de capelleta, de ressentits o de l’enemic encobert”, fueron y son gratuitas e injustas, aunque ahora resulta según las tésis de Badía (ya adelantada en 1981, y según él pensaba desde hace quince años), el procatalán se mantuvo en Valencia mucho tiempo antes de la reconquista e influyó de manera decisiva en el árabe dialectal que tuvo que adaptarse a las características lingüísticas de las lenguas locales. Dicho a la pata llana, para Badía está claro que en el siglo XIII, momento de la reconquista, los valencianos no éramos mudos y hablábamos un romance procatalán, sino porque en el siglo XIII al tiempo de la reconquista en Valencia se hablaba un romance diferente del catalán, el valenciano.

La actitud liberal de “Las Provincias” publicando los artículos de Sanchis Guarner, las documentadas réplicas de Ombuena y las innumerables “cartas al Director”, son ya historia pero están ahí en las hemerotecas, y causarán pasmo a generaciones futuras que las lean.

Pero el problema no ha terminado, ni terminará mientras se mezcle ciencia con política. Porque igual que sigue habiendo más papistas que el Papa, hay mas catalanistas que Stegmann el autor de “Decaleg del catalanoparlant”. Catalanistas que violan e incumplen cada día, en la Comunidad Valenciana, el séptimo mandamiento de dicho catálogo. El profesor Stegmann, respetuoso con los derechos humanos de las diferentes lenguas, aunque sean dialectos, dice: “7. Respetad las diferencias regionales del catalán. Hablad con mallorquines, valencianos, rosellones, etcétera, y conoced los acentos y palabras diferentes que tenemos todos. Esta es la riqueza del catalán, como de todas las lenguas cultas”.

De lo que se infiere utilizando silogismos, que el catalán que pretenden, quien sea, imponernos a los valencianos, es una lengua inculta, porque se falta al séptimo mandamiento de no respetar ni los acentos, ni las palabras diferentes que tenemos. Y se infiere, lo que es peor, la falacia de las nuevas definiciones rehuyendo el calificativo de lengua valenciana como si fuera algo vergonzoso para hablar  “de la lengua de los valencianos”, como lenguas de la comunidad, lo que nos reduce a límites puramente fisiológicos de “lengua” ( y no en salsa precisamente), o nos ensalza a límites insospechados al reconocer como lenguas de la comunidad todas aquellas que por gracia de Dios, hablan los valencianos que tiene la suerte de ser políglotas.

Lo que no tengo claro es que el gobierno valenciano, que es para todos los valencianos, no debe participar, ni mucho menos fomentar, posturas que en aras del catalán reducen la lengua valenciana a la tabla rasa en la que nada hay escrito.

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