UN LIBRO VALENCIANO EN DIALECTO PANOCHO

Por Ricardo García Moya

Parece broma, pero es lo que puede leerse en un prestigioso catálogo publicado en Nueva York. Concretamente se refiere al libro de Capítulos de Orihuela y Alicante, redactado par el caballero don Luis de Ocaña y editado en Orihuela en 1613. Según los americanos, estaría “printed in the Murcian dialect” (British Museum. Catalogue of Printed Books to 1955. 27 vols. New York, 1967) .

No sabemos quién tomó el pelo a los que redactaron el catálogo, pero probablemente fue algún bromista que intentaba hacer patria del sudeste sembrando cizaña lingüística. En aquellos años, hacia 1967, se fomentaba la murcianización de Alicante desde entidades financieras y políticas. EI embrollo era burdo, ya que cualquier valenciano reconocería su lengua en los Capítulos “o Drets que te sa Majestat en Oriola y Alacant”, no así los huertanos de la vega murciana del Segura.

En el texto abundan vocablos que aun permanecen vivos, y con envidiable pureza ortográfica: “Si tenen franquea no paguen res, al ser hu vehi. No es acostumat cobrar dret de les vitualles ques porten al mercat y al coll, com son camarrojes, esparrechs, caragols, pollastres. Pera dins lo Regne de Valencia: gavinets, cadenes, plats, taçes, pichers, culleretes, tisores y tenalles chiques”. Con la Y griega y CH, siguiendo las reglas del Thesaurus Puerilis de 1575.

Está claro que no era panocho el idioma usado en 1613 en el sur del Reino de Valencia. Además ¿cómo iba a serlo, si hasta el rey Felipe recibía correspondencia en lengua valenciana y le servía de intérprete el marqués de Denia? (Arch. Cor. Aragón;  Cortes, L. 1 .350, Doc. 31 ) .

Pero el libro de Capítulos ha recibido más agresiones político-lingüísticas. En 1990 la Generalidad editó “La imprenta valenciana”, con una referencia al libro de Capítulos de Alicante bajo un punto de vista diferente -más norteño- al afirmar que en “la biografía oriolana había textos catalanes como el Libro de Capítulos, escrito por el doctor Lluis d’Orcanya (sic) e impreso por Agustí Martínez en Orihuela el año 1613”.

EI ensayista, víctima de su celo, origina un cómico trabalenguas al querer catalanizar el apellido de don Luis de Ocaña y transformarlo en Lluis d’Orcanya; sospechosamente homófono con las hipervaloradas “homilíes d’Organyá”. Y conste que el castellano don Luis -miembro del Consejo de Felipe III- nunca firmó “Ocanya”, y mucho menos d’Orcanya”.

Por si algo valiera la opinión de los contemporáneos del libro convendría recordar que un año antes de que la imprenta de Martínez imprimiera los Capítulos, otro Martínez oriolano publicaba una crónica sobre los festejos celebrados aquel año en la ciudad del Segura, con esta aclaración: “en la Catedral de Orihuela se exhibieron versos en Lengua Valenciana” (Martínez, F.: Fiestas. Orihuela 1612, f. 10).

Estas palabras del oriolano Francisco Martínez testificando el uso de la Lengua Valenciana en Orihuela en 1612, no valen para nada, pues la demoledora “immersió” altera los documentos originales. Paradigma de estos desmanes es el reciente “Diccionario Histórico de la Comunidad Valenciana”, en el que afirman: “incorporada Orihuela al Reino de Valencia en 1304, a partir de entonces, acoge los fueros valencianos e impone el catalán como lengua oficial” (p. 578). Por cierto, además de panocho y catalán, también hubo autores que -respondiendo a la teoría política de los imperios, en el año 1941- calificaban al idioma valenciano como “aragonés”, basándose en que sus escritores procedían del Reino de Valencia, miembro de la antigua Corona de Aragón: “abbozo di decorazione con il motto aragonese: Guarden les forses” (Degenhart, B.: PisaneIlo. Torino, p. 79). EI escritor aludía al lema “Guarden les forses” de Alfonso el Magnánimo -sugerido, quizá, por su halconero mayor Ausías March- y reproducido en rajoletes de Manises del siglo XV y objetos decorativos.

Ante tanta confusión, qué placer produce releer a nuestros clásicos. Incluso Juan de Timoneda, en EI Patrañuelo (año 1567), proclamaba orgulloso que sus narraciones “las novela”. Ahora, cuando los glosadores recogen la frase de Timoneda, añaden que es “catalán” o la suprimen, como hace José Romera Castillo en su edición de EI Patrañuelo (Cátedra, 1986, p. 53). Este profesor, como él mismo pregona, sigue Ias teorías de Fuester y Guarner.

Ni la Inquisición Ilegó tan lejos, pues, por lo menos, no tergiversaba la singularidad idiomática. En el Índice de libros prohibidos por mandato del inquisidor general Agustin Rubín (Madrid 1790), encontramos esta anotación: “Boneto, J.: Gracias de la Gracia. Madrid.p.17. Dice que hablando S. Vicente Ferrer en valenciano, le entendían las otras naciones; gracias a ninguno concedida. Borra ninguno; y pon pocos.” (p.118).

En fin, no hay duda que los mejores defensores del idioma valenciano son Ios textos originales, y no los “científicos” estudios que lo encuadran como panocho, catalán o aragonés; según procedencia e ideología política del autor.

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