Villancicos valencianos en el Alcázar Real

Per Ricardo García Moya (Diario de Valencia 21 de diciembre de 2003)

En esta Navidad, la troupe real no oirá villancicos en idioma valenciano; aunque las infantas los tarareen en catalán, vasco, inglés y, la reina, incluso en griego. La política del PP -anticipándose a los delirios de Carod-, ha logrado  que los villancicos valencianos sean escritos en catalán; aunque hubo un tiempo en que nuestras auto­ridades no llegaban al entreguismo actual. En el XVII, cuando el villancico se afianza como parte de la liturgia navi­deña, en la capilla del madri­leño Alcázar de los Austrias se escuchaba la lengua valen­ciana. La monarquía siempre dispuso de cortesanos  que podían oficiar de interpretes: Honorato Juan, el Duque de Lerma o, en el presente caso, Antonio de Cardona y Borja, Marqués de Castelnovo,

El enorme Alcázar se había convertido con Carlos II en una mezcla de casa de lenoci­nio y psiquiátrico, cuyo pri­mer paciente era el infeliz monarca (una vegá mort, el mege a soles li trobá un ou y, ademes, chicotiu y negre com lo carbó). Aparte de la familia real, en sus laberínticas de­pendencias dormían, comían y copulaban (salvo los capones cantores) un hormiguero de frailes, soldados, esclavos, criadas, pintores, bufones, cortesanas y mayordomos co­mo el valenciano Antonio de Cardona, autor de “Lo mejor, es lo mejor”, una “fiesta que escribió para celebrar el día del nombre de la Reyna Madre D. Mariana” (Bib. Nac, año 1682) La representación fue ante Carlitos y Mariana en el Salón del Alcázar, siendo aliviada la pesadez del argu­mento con saínetes como La Ronda de Palacio, donde mujeres disfrazadas de hom­bres “con capas, sombreros y linternas” rondaban el Alcázar ante las acechanzas de los Celos, “un manchego, gran animal”, el Descuido, etc. El propio Antonio de Cardona sufrió las intrigas del cortesano que, burlescamente, garrapateó glosas que modificaron el título en “Lo peor, es lo peor”; y donde de­cía “fiesta” anadió: “en essa es mucho que decir”; sustitu­yendo el título de Mayordomo del Rey por “ligereza”; y “de su Consejo”, por su “locura”.

Dejando el análisis de lo anterior para académicos zen (que copian errores de Pasqualet de Kassel), pasamos a una duda: ¿Fue Cardona au­tor de alguno de los villanci­cos en idioma valenciano que se cantaban en el Alcázar Real? Puede, pero después de fallecido Cardona seguían cantándose ante Carlos II. Así, en “Villancicos que se han de cantar en la Real Capilla de su Majestad  la Noche de Navidad, de este año MDCXCVI”, hallamos versos en gallego: “En Galicia han festeixiado / vosas muytas atenzones…”; italiano: “Italia di mondo fíore… “; y “valenciano: Si eres Deu de los amors, / en el pobre lloc inquiet, / pera que en foc estés quiet / llit dona el Regne dels flors; / y si acás alguns traydors / es mostraren atrevits, / anirem aunque pobrets / carregats de pistolets / en més de dosens vandits” (Bib.Nac. V E. 88, £.12 ). La presencia de descuidos léxicos (“aunque”), ortográficos (“vandits”), o de concordancia (“dels flors”), quizá señale la ausen­cia de valencianos en la revi­sión del texto, pues los canta­dos en la misma capilla en años anteriores mostraban más corrección. En los de 1688 leemos: “En un pesebre gitat está un Chiquet, que ha vengut / com foc, desplegat de els nuvols / entre els copos do la llum \” con vocablos emble­máticos del idioma valencia­no: “pesebre, chiquet, copos” (“cops”, alterada en bisílaba por métrica); voces que un catalanero como Juli Esteve, p.e., sustituiría por “gripia, nen i flocs” (en el diari del Muelas escrigué “Floquet”, aludint a “Copet de Neu”) El idioma valenciano diferencia entre “cop: mechón de lana, algodón, porciones de nieve” (Escrig, 1887); y “floch: lazo; lo mismo que llaç. Género de pasamano tejido con hilos, floch del faldó de la camisa” (Escrig, 1887); y así consta en la literatura valenciana: “d’estes lligacames / flocs se fasa atra sabata” (Bernat: Pasqualo y Visanteta, 1861); “fila la vella el cop” (Galiana: Rond. 1768); “de neu esta copadet” (Pintura en ecos a una Bernarda, 1823); “cop: porción de nieve que cae en pedazos pequeños cuando nieva” (Ros: Dice. 1764).

En ocasiones, la dificultad de que el pueblo identificara en una estrofa de tres o cua­tro versos a qué idioma pertenecían, la resolvían mediante el recurso de vocablos equiva­lentes a banderas morfoléxicas. En el villancico de 1688, la estrofa en idioma valencia­no está precedida por la can­tada en mallorquín, que empieza y finaliza con las voces onomatopéyicas “estompiromtom, tompiromtom, piromtom”, que sonarían bien en morros de la abuela colaboracionista Ma del Mar Bonet, si cantara en mallor­quín. Sabiamente, el autor añadió voces como “pastera” y “recolat”, que no son lo que interpretaríamos nosotros, pues “pastera” podía signifi­car portal o capilla, y tam­bién el valenciano “gamella, especie de artesa” (Escrig, 1887) Respecto a “recolat”, es un adjetivo mallorquín equi­valente al valenciano “per­fet”, vocablo patrimonial: “home perfet” (Pou:Thesaurus, 1575); “arcaduf de or perfet” (Pintura en ecos, 1823); “perfets rellonges” (Pineda: Sen­tencia, 1561); “llimits perfets” (Fenollar: Procés, 1497). Distinto al “perfecte” de la inmersión.

Cataluña prohibe el valenciano “cop” (de nieve o algo­dón), para evitar anfibología con el catalán “cop” (golpe), problema que no afecta al idioma valenciano, pues man­tenemos el clásico ” colp” (latín “colupus”) El catalán “cop” (golpe) es corrupción del XIX y, diariamente, nos están envenenando con vo­ces como esta o la asquerosa “represa”, que hace babear al tío del fútbol de Canal 9, sien­do voz catalana del 1840; no valenciana. Somos los pardi­llos del saínete. Nos han hecho creer que toda sin­gularidad del idioma valencia­no era “pera fer riure” (Sanchis Guarner dixit), Por ejem­plo, Corominas constató que en idioma valenciano se es­cribía y se pronunciaba “quant” (cuando), con ‘t’ fínal; y ponía el ejemplo de Jaume Roig en 1460. Pero todos, inocentemente, obede­cimos al IEC y suprimimos la dental sorda para evitar con­fusión con “quant” (cuanto). La creación de léxico, fluida hasta el XIX, se ha paralizado en idioma valenciano por la tenaza del IEC. Nosotros, por ejemplo, aplicaríamos el adje­tivo “barilla” (imprevisible + demente + gracioso), al com­portamiento de Carlos II, pero ningún diccionario se atreve a recogerlo, aunque hace un siglo que está generalizado ¿Procede de varius, vara o baralla? ¿Usamos bi­labial para diferenciarlo mor­fológica y semánticamente? Por desgracia, la academia de Ascensión mata todo neolo­gismo que no guste a su amo: el IEC.

Respecto a la Navidad, en 1734 Felipe de Borbón no celebró la Nochebuena en la Capilla Real, donde tantas veces se escucharon villanci­cos en lengua valenciana. A la madrugada, el fuego devoró el Alcázar, incluida la Capilla. Los Borbones abandonaron la tradición del villancico valenciano, comenzando un distanciamiento que llega hasta nuestros días. Un deta­lle es que, si el poderoso Felipe III de Austria se casó en Valencia, los Borbones siempre rechazaron el Reino para sus bodas. Otras ciuda­des -Madrid, Barcelona, Se­villa- marginarían a Valencia. De veres, casi preferixc al barilla Carlos II, el del ou negre, a estos d’ara. Bones Festes, y no tasten torró cáta­la ni manchec; a soles  el valenciá de Xixona,

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