“Hoy, se inventan democracias, Valencia da ejemplo de ellas”

Revista del Grup d’Accio Valencianista (SOM Nº 47 31 de maig del 1979)

EL PUEBLO ELIGE A SUS JEFES

Por Vicente Giner Boira (Asesor Letrado del Tribunal de las Aguas de Valencia)

Cuando las gentes, hoy, se inventan democracias, Valencia da ejemplo de ellas, porque, a través de los siglos, tiene un modelo único en el mundo y ejemplar en la historia, que es y se llama el Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia.

Nada ha de extrañar que este tribunal sea valenciano y esté en la capital del viejo Reino, porque también en pleno siglo XIII tuvo Valencia la primera organización política que podríamos llamar democrática, para un estado peninsular.

Así como las Baleares son conquistadas cuando todavía imperan las ideas feudalistas en Cataluña, cuando se conquista Valencia, en 1238, ya los principios del Derecho Romano, que han sido descubiertos en la Universidad de Bolonia, son la novedad y el ideal de todos los juristas europeos. Por eso, al redactarse lo que hoy llamaríamos Constitución del Reino de Valencia, es decir cuando don Jaime escribe sus Furs, ya están estos impregnados de ese sentimiento romanista que nos trae una participación del pueblo en las actividades públicas.

Los Fueros son el origen de las libertades del pueblo de Valencia, y en ellos es curioso cómo el rey don Jaime se autolimita su poder. El rey podía haber dispuesto en los Fueros de un poder superior, pero no lo hizo; antes, al contrario, cercenó los poderes que pudiera él tener, para entregarlos a unas organizaciones políticas que van a ser modelo entonces y que hoy aún son ejemplo de ese buen hacer del gran monarca aragonés conquistador de Valencia.

Entre esas libertades están las que se otorgan al Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia, que son lo único que nos queda a los valencianos de la organización foral.

En verdad, esta organización venía funcionando, desde la época de los árabes, de manera ejemplar. Tan ejemplar, que don Jaime, al verlo y conocer su eficacia en la distribución de las aguas y el acierto de los riegos, no hizo más que  una cosa llena de sensatez: confirmarlo tal y como venía funcionando hasta entonces.

La organización del Tribunal debió su constitución al gran califa cordobés Abderramán III, el cual, hacía los años 950 al 960, debió dejar constituido el Tribunal de las Aguas de Valencia. Es decir, hace más de mil años. Por eso, en el año 1960, el Tribunal conmemoró los primeros mil años de su existencia, y tres ministros del Gobierno de España –el de Justicia, el de Obras Públicas y el de Agricultura- vinieron a rendir homenaje al Tribunal.

El Tribunal de las Aguas es un tribunal del pueblo, formado por los mismos labradores que trabajan y riegan la huerta de Valencia. Los jueces no son designados por ninguna autoridad superior; son elegidos democráticamente por los mismos regantes.

El Tribunal está formado por ocho vocales, a los que se llama síndicos, cada cual de una de las ocho acequias que, tomando sus aguas del río Turia, las distribuyen por toda la vega para fecundar con sus riegos los cultivos que constantemente se están produciendo.

El punto de reunión, la sede del Tribunal, es la Puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia; tal vez porque, ocupando ésta el lugar de la antigua mezquita, debió sacarse a la puerta de la Seo cuando fue consagrada templo católico, a fin de que pudieran ser juzgados también los numerosos moros que aún seguían viviendo y trabajando la huerta de Valencia hasta 1614.

El día de juicios es el jueves; tal vez también porque esa fecha que corresponde cada semana el sábado en la religión mahometana; último día, pues de la semana y el oportuno para instruir y juzgar a los infractores. Causas de los juicios: las infracciones de las Ordenanzas por las que se rigen las Comunidades de Regantes.

Penas: las así llamadas son, en realidad, sanciones económicas que se imponen a los labradores que ha sido constatado que quebrantaron el espíritu y la letra de las Ordenanzas. Y esas penas son: primero, la multa que las Ordenanzas establecen; segundo, los gastos del juicio, y tercero, la reparación de daños y perjuicios.

El procedimiento seguido es totalmente oral y en lengua valenciana, que es la que habla el pueblo de Valencia. La denuncia, el interrogatorio, las pruebas y la sentencia, todo es rápidamente resuelto de forma hablada y oral, y nadie ha presentado jamás queja por ello ni –lo más interesante- ha dejado de cumplir una sentencia que se haya impuesto.

Y es para Valencia un orgullo y una satisfacción contar con la eficacia de este Tribunal que no está en más manos que las del propio pueblo, que es el que lo formó, el que lo cuida, el que lo vigila y que casi, como un recuerdo de la época medieval, mantiene ese principio de “la obra bien hecha”.

 

Image: Centro Unesco Comunidad Valenciana

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