¿Sabies que la Generalitat Valenciana es deuria de dir Diputació General del Regne?

Transcrit del llibre “De Nación Valenciana” de Carles Recio (1999).

GENRALITAT, NO

Miquel Adlert Noguerol, se mostró completamente en contra del nombre, en un artículo del 14 de febrero de 1982 que se tituló, rotundamente “Generalitat,no.” En la frase final del consenso autonómico, cuando tanto se había discutido sobre el nombre de la nacionalidad, la bandera o el idioma, no se prestó demasiada atención al contenido de este escrito. Pero será bueno repasarlo para intentar dilucidar si Adlert tenía razón o no.

Empieza el teórico haciendo un llamamiento para “erradicar” del proyecto la palabra “Generalitat” que aparece y desaparece en el articulado “como si fuera un duende”, y que en cada lugar parece querer decir una cosa, con una extraña anfibología: “El mimetisme no es cosa bona, perqué, si en ocasions es acertàt i profitós, en la majoria dels casos es equivocàt, i si no arriba a ser perjudicial, es per lo manco ridícul.”

Los redactores del proyecto, según Adlert, han obrado por mimetismo ante Cataluña, y desconociendo lo que era la Generalitat en Valencia. Esto se explica en que el valencianismo, generalmente, ha ido copiando del norte: “El valencianisme naixqué sentint al catalanisme com a germà major que que, a mes, ha triumfat en la vida i ha alcançat la prosperitat. Açò fea que els valencianistes nos miraren en els catalanistes com en un espill que nos havia de donar la visió del que devia ser nostra image”.

Este ansia de emulación, nacida de un sentimiento fraterno, condujo a una auténtica imitación. Adlert, que irónicamente se autocalifica de “carrossa”, se cree en el deber de explicar ciertas cosas a los “formulas 1”: la Generalitat era distinta en los dos países, y no era aceptable que el nombre del gobierno valenciano fuera idéntico en los dos lugares: “En Catalunya la Generalitat començava per tindre unes funcions mes amples que en Valencia, per ser com una Comissió permanent de les Corts per a control del respecte a les llibertats catalanes; i açò ya supón una significació histórica molt important i trascendent en la historia catalana”.

Frente a esta carga política de la Generalitat Catalana, la Generalitat Valenciana no sería más que una especie de ministerio de Hacienda cuya misión se limitaba al cobro de tributos: “En Valencia fon l’organisme encarregat d’administrar l’impost general (d’ací el nom) sobre determinades coses, i del que no s’excloïen ni els nobles, ni els eclesiastics, ni el rei. Impost que era la garantía per als credits censals que el rei demanva, per ser-li insuficients els recursos que li proporcionava “l’oferta”, aportació económica que li concedien les Corts”.

La Generalitat Valenciana había sido creada en 1340, con la oposición del brazo real o de ciudadanos, bajo el reinado de Pere el Cerimoniós, pero no había tenia una continuidad permanente hasta Alfons el Magnànim. Para Adlert, en todo momento se había tratado de un organismo “financiero”, y no de dirección política.

La institucionalización moderna del nombre “Generalitat” la sitúa Adlert en abril de 1931, en Barcelona, cuando Francesc Macià proclama la “República Catalana” y después. a los dos días, presionados por los ministerios españoles del gobierno de la República española, tiene que dar marcha atrás y “desproclamarla”. “Generalitat” habría nacido como una fórmula de consenso para evitar una humillación del impulsivo Macià.

FUENTES HISTÓRICAS 

Miquel Adlert, con su artículo, destapó una vieja disputa de los historiadores valenciano. Por un lado Gaspar Escolano (1560-1619) afirmaba en sus Décadas que: “La Diputación, que es un gobierno de los tres estamentos, Ecclesiastico, Militar de todo el Reyno (…) para la conservación de los fueros, y defensa del Reyno…”. Por otro, el jurista Matheu y Sanz, en 1677 decía que: “En Aragón, y Cataluña, los diputados tienen representación de todo el Reino, ó Provincia, no solo para administrar el Erario con jurisdicción muy preeminente, sino también para pedir la observancia de las leyes. En Valencia los Oficios de Diputados se instituyeron para cobrar, y administrar los derechos del General, y jamàs se les ha concedido jurisdicción, ò poder para otra cosa”.

En estos textos se deja sobre el tapete un interesante tema que nunca hemos vuelto a ver tratado más extensamente, a pesar de su importancia, si la “Generalitat” era la institución de gobierno valenciano o no lo era. Pero al mismo tiempo se plantea otro, si el nombre “Generalitat” es genuino de ese órgano, puesto que ninguno de los dos autores lo llaman así, sino “Diputació” o “els Diputats”.

Al respecto, es bien curiosa la versión que da Marcelo Capdeferro en su libro “Otra historia de Cataluña”, en el que se viene a coincidir en algunos puntos con Adlert y donde asegura que el 21 de abril de 1931 nació “una institución desconocida hasta entonces”, la “Generalitat de Catalunya”.

Para Capdeferro, el nombre legítimo de la institución sería “Diputación General de Cataluña”, similar a la de Aragón, pero por un prurito antiprovincialista se habría descartado la palabra, diputación, que también designaba el gobierno de las provincias españolas del siglo XIX.

Según este autor, una cosa era la “Diputación”, el organismo, y otra el “general”, el impuesto. El Romanticismo catalán había confundido Diputación con el “General”, considerando erróneamente que en vez de dos instituciones distintas se trataba de una sola institución, con dos nombres distintos. “A pesar de ello, Balaguer, autor de la nomenclatura de las calles del ensanche barcelonés, dedicó una calle a la Diputación y no al General”.

“La antigua Diputación del General nunca varió su nombre. No obstante hay indicios de que en los siglos XVII y XVIII apareció, esporádicamente, la denominación vulgar “Generalitat” aplicada al organismo encargado del cobro de las “generalitats”, palabra para designar, incluso oficialmente, a los “derechos del general” o aranceles de Aduana (..) probablemente por influencia francesa”.

Capdeferro explicita que: “El catalanismo no utilizó nunca, en sus inicios, la palabra “Generalitat”. No figura dicha palabra en ningún de los escritos catalanistas de la primera época”. En los proyectos de estatuto de autogobierno sólo aparecen dos denominaciones: “Diputació General de Catalunya” (1883) y “Diputació Catalana” (1919).

“Pero unos escritores catalanista de finales del siglo pasado, consciente o inconscientemente, utilizaron la expresión “Diputació o Generalitat”, en vez del entonces bastante usual “Diputació o General”, con lo cual demostraban que confundían ambos conceptos, como Andres Borch. El incomprensible gazapo tuvo éxito, fue copiado, hasta que algunos empezaron a suprimir la palabra Diputación (antipática para el catalanismo, puesto que recordaba a un organismo creado por el unitarismo de la Constitución de Cádiz.)” Coroleu, en 1889, al estudiar el “Dietari de la Deputació de la Generalidad de Cathalunya” titula su trabajo “Dietario de la Generalidad de Cataluña”, y desde entonces éste nombre sustituyó al original”.

“Así se consumó, entre la intelectualidad catalanista, el olvido y el desprecio del histórico nombre de la Diputación, suplantando por una palabra ajena a la Historia de Cataluña que recuerda tan sólo al general, es decir, a una dependencia de la Diputación”.

DIPUTACIÓ GENERAL DEL REGNE

Siguiendo las explicaciones de Capdeferro, esta vez aplicadas a Valencia, podemos asegurar que el valencianismo político de principios de siglo nunca reivindicó una “Generalitat”, sino un “Estat Valencia”. Incluso durante la República español, cuando ya en Cataluña se había establecido la “Generalitat”, en ningún anteproyecto de estatuto aparece la “Generalitat Valenciana”.

Sólo en el valencianismo de oposición al franquismo, seguramente por imitación mecánica del catalanismo, se pide también “Generalitat”, y esto es al final lo que se concede.

En la escasa bibliografía generada entorno a nuestro derecho floral no se aclaran mucho las cosa. El libro “Orígenes de la Generalidad Valenciana”, de Mª Rosa Muñoz Pomer, utiliza las palabras “Diputació” y “Generalidad” como sinónimas, pero sin explicarnos el porqué. Y con ello se sigue una tradición que detectamos, más o menos, en los años sesenta.

Como no hay nada mejor que acudir a nuestras propias fuentes, al romanticismo decimonónico que generó el valencianismo clásico, hemos creído conveniente acudir al libro “Valencia”, de 1889, que redactó el patriarca Teodoro Llorente como compendio de los monumentos e historia del viejo Reino.

El capítulo II del tomo II está dedicado, precisamente, a la “Casa de la Diputación del Reino”. Este simple título denuncia que el nombre “Palau de la Generalitat” es moderno, que en el siglo pasado no se utilizaba.

“La Diputación general del Reino era una institución importante por la cuantía de los intereses que le estaban confiados, dice Llorente y califica de “organismo haciendístico”. Después distingue que la “generalidad” o “derecho general” era “los arbitrios impuestos por las Cortes para pagar los servicios ofrecidos al rey”.

Teodoro Llorente no confundió el todo (la Diputación) con la parte (el General). Cien años después, los políticos poco informados sí lo confundieron, y por eso hoy gozamos de “Generalitat” y nadie recuerda la “Diputació General del Regne”.

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